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Adiós al síndrome postvacacional: así se previene el estrés laboral desde la empresa

Septiembre es, para muchas personas, sinónimo de vuelta al trabajo. Después de varias semanas de vacaciones, recuperar los horarios, las responsabilidades, las reuniones y las tareas pendientes puede generar cansancio, apatía o falta de motivación.

Es habitual hablar entonces del síndrome postvacacional. Sin embargo, detrás del malestar que aparece al regresar al trabajo puede haber algo más importante que el simple final de las vacaciones.

El Dr. Raúl Alelú, doctor en Psicología y cofundador de Healthy Minds, ha abordado recientemente esta cuestión en una entrevista publicada por El HuffPost. Una de las ideas principales es especialmente relevante para empresas y personas trabajadoras: no todo rechazo a regresar al trabajo debe interpretarse como un problema psicológico de quien lo experimenta. En determinadas circunstancias, puede ser una respuesta perfectamente coherente ante unas condiciones laborales desfavorables. (ElHuffPost)

¿Qué es el síndrome postvacacional?

Aunque utilizamos habitualmente esta expresión, el denominado síndrome postvacacional no es una enfermedad ni un trastorno mental, se trata, más bien, de un proceso de adaptación.

Durante las vacaciones cambian muchas de nuestras rutinas: dormimos y comemos a otras horas, tenemos una mayor autonomía sobre nuestro tiempo, reducimos las obligaciones profesionales y dedicamos más espacio al ocio o a actividades gratificantes.

Al regresar al trabajo, todos estos elementos vuelven a modificarse en pocos días. Hay que madrugar de nuevo, recuperar horarios, asumir responsabilidades, concentrarse durante periodos prolongados y hacer frente a exigencias, reuniones, correos electrónicos o tareas que pueden haberse acumulado durante nuestra ausencia.

Ese contraste puede provocar cierto malestar durante los primeros días y, en principio, no tiene por qué ser preocupante. (ElHuffPost)

Síntomas habituales al volver al trabajo

Durante este proceso de adaptación pueden aparecer temporalmente síntomas como:

  • cansancio o falta de energía;
  • apatía o menor motivación;
  • dificultad para concentrarse;
  • irritabilidad;
  • alteraciones del sueño;
  • tristeza o bajo estado de ánimo;
  • ansiedad relacionada con la vuelta al trabajo;
  • sensación de rendir menos de lo habitual;
  • molestias físicas inespecíficas, como dolores de cabeza o tensión muscular.

Lo habitual es que estas sensaciones disminuyan progresivamente conforme se recuperan las rutinas. Sin embargo algunas personas recuperan la normalidad rápidamente mientras que otras experimentan un rechazo intenso hacia la vuelta al trabajo.

¿Y si el problema está en las condiciones de trabajo?

Uno de los aspectos destacados por Raúl Alelú es precisamente la importancia de analizar qué nos estamos encontrando cuando volvemos a trabajar.

No es lo mismo regresar a un entorno en el que existe autonomía, reconocimiento, buenas relaciones profesionales y una carga de trabajo razonable que hacerlo a otro caracterizado por conflictos, sobrecarga, presión constante, falta de apoyo o ausencia de reconocimiento.

De hecho, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) considera el estrés laboral una de las principales consecuencias de la exposición a riesgos psicosociales y señala factores como la sobrecarga, la falta de control, los plazos ajustados, la monotonía o determinadas relaciones interpersonales como posibles fuentes de estrés. (Portal INSST)

Por eso, sentir rechazo ante la vuelta al trabajo no significa necesariamente que exista un problema psicológico individual. En determinadas situaciones, el malestar puede estar proporcionando información sobre cómo está diseñada y organizada nuestra experiencia laboral.

No todo malestar debe convertirse en un trastorno

Vivimos en una sociedad en la que existe una tendencia creciente a utilizar conceptos psicológicos para describir situaciones cotidianas.

Estar triste no significa necesariamente tener depresión. Sentir estrés durante un periodo concreto no implica automáticamente padecer un trastorno de ansiedad. Y no tener ganas de regresar a un trabajo que nos resulta desagradable tampoco significa necesariamente sufrir un síndrome. Esta distinción es importante.

Un cierto periodo de adaptación después de las vacaciones forma parte de la normalidad. Pero también resulta razonable experimentar malestar cuando las condiciones a las que debemos regresar son negativas.

El problema aparece cuando atribuimos automáticamente ese malestar a la persona sin preguntarnos qué está ocurriendo dentro de la organización.

La organización del trabajo importa

Imaginemos dos regresos de vacaciones.

En el primero, la persona vuelve y encuentra una carga de trabajo progresiva, puede organizar sus tareas, mantiene una buena relación con su equipo y conoce claramente sus prioridades.

En el segundo, encuentra cientos de correos pendientes, reuniones desde primera hora, tareas urgentes, falta de información y una elevada presión para recuperar inmediatamente el ritmo anterior.

Es razonable pensar que ambas personas vivirán la vuelta de manera diferente. La forma en la que las organizaciones estructuran el trabajo puede, por tanto, facilitar o dificultar considerablemente la reincorporación.

Entre los factores que pueden influir se encuentran:

  • la carga y el ritmo de trabajo;
  • la capacidad de organizar las propias tareas;
  • la claridad sobre funciones y responsabilidades;
  • el apoyo de responsables y compañeros/as;
  • el reconocimiento profesional;
  • la calidad de las relaciones interpersonales;
  • la conciliación entre vida laboral y personal;
  • la previsibilidad del trabajo;
  • la existencia de conflictos;
  • y el equilibrio entre esfuerzo y recompensa.

Estos elementos forman parte del ámbito de los factores y riesgos psicosociales laborales, que deben ser identificados, evaluados y gestionados desde una perspectiva preventiva. El INSST recuerda que unas condiciones psicosociales adversas pueden afectar negativamente a la seguridad, la salud y el bienestar de las personas trabajadoras. (Portal INSST)

¿Cuándo deja de ser una simple adaptación?

Sentirse cansado, algo desmotivado o desubicado durante los primeros días puede ser completamente normal.

Conviene prestar más atención cuando el malestar:

  • se mantiene durante varias semanas;
  • aumenta en lugar de disminuir;
  • interfiere significativamente con la vida diaria;
  • provoca un rechazo intenso y persistente hacia el trabajo;
  • aparece acompañado de ansiedad o tristeza importantes;
  • o existía ya antes de las vacaciones y reaparece inmediatamente después de regresar.

En estos casos, es importante analizar las causas.

Detrás pueden existir situaciones de estrés laboral mantenido, conflictos, sobrecarga, problemas organizativos o exposición prolongada a determinados riesgos psicosociales. En otros casos puede ser necesario valorar, con profesionales adecuados, si existe un problema de salud que requiera atención específica. (ElHuffPost)

Estrés laboral y burnout no son lo mismo que síndrome postvacacional

También conviene diferenciar conceptos. El malestar postvacacional suele ser temporal y aparece asociado al cambio entre vacaciones y actividad laboral.

El estrés laboral, en cambio, está relacionado con la exposición a unas determinadas condiciones de trabajo y puede mantenerse durante periodos prolongados.

El burnout o desgaste profesional se relaciona específicamente con el estrés crónico en el ámbito laboral que no ha sido gestionado adecuadamente. La Organización Mundial de la Salud lo reconoce en la CIE-11 como un fenómeno ocupacional y no como una enfermedad médica. (Organización Mundial de la Salud)

Confundir estas situaciones puede llevar a adoptar soluciones equivocadas. Si el problema es organizativo, limitarse a decir a las personas que deben gestionar mejor sus emociones, practicar mindfulness o regresar progresivamente a sus rutinas puede resultar insuficiente. La prevención también debe mirar hacia la empresa.

¿Qué pueden hacer las empresas para facilitar la vuelta al trabajo?

La reincorporación después de las vacaciones puede ser también una oportunidad para observar cómo funciona la organización.

Algunas actuaciones pueden ayudar:

  • evitar una acumulación innecesaria de reuniones durante los primeros días;
  • establecer prioridades claras;
  • planificar adecuadamente cargas y plazos;
  • facilitar que las personas recuperen progresivamente sus rutinas;
  • mejorar la comunicación entre responsables y equipos;
  • detectar situaciones de sobrecarga;
  • prestar atención a conflictos o problemas relacionales;
  • favorecer la autonomía y la claridad de rol;
  • y evaluar periódicamente los factores de riesgo psicosocial.

La prevención del estrés laboral no debería centrarse exclusivamente en aumentar la capacidad individual para soportar situaciones adversas.

También implica identificar y modificar aquellas condiciones organizativas que están generando el problema.

El propio INSST aborda el estrés laboral como una cuestión colectiva y destaca la importancia de intervenir sobre los riesgos psicosociales presentes en la organización del trabajo. (Portal INSST)

La vuelta de vacaciones también puede decirnos algo sobre nuestra empresa

Quizá la pregunta más interesante en septiembre no sea únicamente:

“¿Cómo conseguimos superar el síndrome postvacacional?”

También podemos preguntarnos:

“¿Por qué hay personas que sienten un rechazo tan intenso ante la idea de volver a trabajar?”

En algunos casos será simplemente el contraste lógico entre vacaciones y obligaciones.

En otros, la respuesta puede encontrarse en la carga de trabajo, el liderazgo, las relaciones profesionales, la autonomía, el reconocimiento, la organización o el clima laboral.

Y esa diferencia es fundamental, porque cuando el origen del malestar está relacionado con las condiciones de trabajo, la solución no puede depender exclusivamente de la capacidad de adaptación de la persona.

Evaluar para poder prevenir

Los riesgos psicosociales pueden permanecer durante mucho tiempo sin ser visibles hasta que aparecen consecuencias como estrés mantenido, conflictos, absentismo, desmotivación o deterioro del bienestar.

Por eso, evaluar adecuadamente las condiciones psicosociales permite detectar qué factores están afectando a las personas trabajadoras y establecer medidas preventivas adaptadas a la realidad de cada organización.

La vuelta de vacaciones puede ser un buen momento para recuperar las rutinas.

Pero también para hacerse una pregunta diferente:

¿Estamos creando organizaciones a las que las personas puedan volver sin que hacerlo suponga una fuente permanente de malestar?


Preguntas frecuentes sobre el síndrome postvacacional

¿El síndrome postvacacional es una enfermedad?

No. La expresión se utiliza popularmente para describir el proceso de adaptación que algunas personas experimentan al regresar a sus obligaciones después de las vacaciones, pero no constituye por sí misma un trastorno mental.

¿Cuánto dura el síndrome postvacacional?

Cuando se trata simplemente de un proceso de adaptación, el malestar debería disminuir progresivamente durante los primeros días tras recuperar las rutinas. Si persiste durante semanas o resulta especialmente intenso, conviene analizar otras posibles causas.

¿Puede el trabajo provocar que la vuelta de vacaciones sea más difícil?

Sí. Una elevada carga de trabajo, falta de autonomía, conflictos, escaso apoyo, mala organización o insatisfacción profesional pueden aumentar considerablemente el contraste entre las vacaciones y el regreso al entorno laboral.

¿Qué relación existe entre síndrome postvacacional y estrés laboral?

Son conceptos diferentes. El malestar postvacacional está vinculado principalmente al cambio de rutinas, mientras que el estrés laboral puede derivarse de una exposición continuada a condiciones psicosociales adversas en el trabajo.

¿Qué pueden hacer las empresas?

Además de facilitar una reincorporación razonable, las organizaciones pueden evaluar los riesgos psicosociales, revisar cargas de trabajo, mejorar la comunicación, detectar conflictos y actuar sobre aquellos factores organizativos que puedan estar afectando al bienestar de las personas trabajadoras.