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Día Mundial para la Prevención del Suicidio

La prevención

Hay personas que llegan cada mañana a su puesto de trabajo cargando con problemas que nadie ve. Siguen cumpliendo con sus tareas y mantienen la rutina, pero no siempre están bien.

Esa realidad explica por qué cada 10 de septiembre, con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, se recuerda la necesidad de actuar antes de que el malestar se convierta en una situación mucho más grave.

Aunque el suicidio suele abordarse desde el ámbito sanitario y social, cada vez resulta más evidente que otros espacios cotidianos también influyen. Uno de ellos es el trabajo. Pasamos allí buena parte de nuestra vida, compartimos muchas horas con otras personas y nos enfrentamos a circunstancias que pueden ayudarnos a sobrellevar la presión… o hacer que aumente.

La prevención no debe limitarse a intervenir cuando el problema ya es grave. También pasa por crear un entorno de trabajo donde la gente pueda decir cómo se encuentra sin miedo, tenga apoyo cuando lo necesite y pueda trabajar en condiciones que no añadan más presión de la necesaria.

Las condiciones laborales y su impacto en el bienestar

Los problemas relacionados con la conducta suicida tienen un origen complejo. En ellos intervienen factores personales, familiares, sociales, económicos y de salud. No existe una única causa capaz de explicar por sí sola estas situaciones.

Ahora bien, el trabajo sí puede convertirse en un elemento que ayude a proteger a las personas o, por el contrario, que agrave un malestar ya existente cuando el problema se mantiene durante meses.

Una carga de trabajo excesiva, jornadas que se alargan de forma habitual, conflictos que nunca terminan de resolverse, falta de apoyo por parte del equipo, incertidumbre constante, poca autonomía o una comunicación deficiente son situaciones que, con el tiempo, terminan pasando factura.

Pensemos, por ejemplo, en un trabajador que lleva meses soportando una elevada carga de trabajo, responde correos fuera del horario laboral y siente que cualquier error puede tener consecuencias. Probablemente esa situación no explique por sí sola su estado emocional, pero sí puede aumentar el desgaste y hacer más difícil afrontar otros problemas que ya estaban presentes.

También ocurre lo contrario. Cuando existe un liderazgo cercano, las responsabilidades están claras, la comunicación es fluida y el equipo se apoya, resulta más fácil afrontar los momentos de presión. No hace que los problemas desaparezcan, pero se nota, ya que la carga pesa menos y las personas sienten más respaldo en el día a día.

La prevención comienza con organizaciones saludables

Cada vez son más las empresas que reconocen que cuidar la salud mental de sus trabajadores va más allá de organizar una charla, lanzar una campaña de sensibilización o poner a disposición un servicio de apoyo psicológico. También es necesario prestar atención a la forma en la que se organiza el trabajo y a las condiciones en las que las personas desarrollan su actividad diaria.

Prevenir significa identificar aquellos aspectos del funcionamiento interno que pueden generar malestar y corregirlos antes de que el problema vaya a más.

Esto implica revisar de forma periódica la carga y la distribución del trabajo, comprobar si las funciones y responsabilidades están bien definidas, analizar cómo circula la información dentro de la empresa, valorar el apoyo que prestan los mandos, facilitar la conciliación entre la vida laboral y personal y prestar atención al clima de los equipos.

Cuando estos aspectos funcionan de manera adecuada, las personas trabajan en un entorno más seguro desde el punto de vista psicológico. Como se ha mencionado anteriormente, no desaparecen todos los problemas, pero sí disminuyen muchos de los factores que pueden alimentar el estrés o el malestar mantenido.

Romper el estigma sigue siendo uno de los grandes retos

A pesar de que en los últimos años se habla mucho más de estos temas, todavía hay personas que prefieren guardar silencio cuando atraviesan un momento complicado. El motivo suele ser el mismo: el miedo. Miedo a que les juzguen, a que se cuestione su capacidad para trabajar o a que pedir ayuda termine afectando a su desarrollo profesional.

Muchas veces este silencio hace que las personas tarden en pedir ayuda. Hay quienes intentan llevar la situación por su cuenta durante meses, pensando que podrán salir adelante sin apoyo, cuando en realidad hablarlo a tiempo o contar con los recursos adecuados desde el principio podría evitar que el problema vaya a más.

Las empresas también tienen un papel importante en la reducción de este estigma. Aunque no les corresponde asumir funciones sanitarias, sí pueden fomentar un entorno de trabajo en el que hablar sobre la salud mental no se perciba como un signo de debilidad. Esto se logra cuando en la empresa hay confianza, respeto y una comunicación abierta entre las personas que la forman.

También ayuda que responsables y mandos intermedios reciban formación para identificar señales de malestar, sepan cómo abordar una conversación delicada y conozcan los recursos disponibles para orientar a una persona cuando sea necesario. No se trata de convertirlos en especialistas, sino de que sepan acompañar y actuar con criterio cuando detecten que algo no va bien.

Favorecer unas condiciones de trabajo saludables y facilitar que quien necesite ayuda pueda pedirla sin miedo es una de las aportaciones más valiosas que puede hacer una empresa. Ese cambio, aunque parezca pequeño, puede animar a muchas personas a dar el paso antes de que la situación empeore.

El papel de la evaluación de los riesgos psicosociales

La normativa en materia de prevención de riesgos laborales ya establece la obligación de evaluar los riesgos psicosociales en las empresas. Ahora bien, no conviene verla como un simple trámite administrativo ni como un documento que se hace para cumplir con la normativa y luego se guarda sin más. Cuando se realiza de forma adecuada, permite identificar problemas que a menudo pasan desapercibidos hasta que terminan afectando al bienestar de las personas y al funcionamiento de los equipos de trabajo.

Llevar a cabo estas evaluaciones de forma periódica facilita la detección de los factores que generan una mayor presión, las áreas en las que es necesario introducir mejoras y las medidas más adecuadas para cada organización. Cada empresa tiene unas características, unos riesgos y unas necesidades diferentes, por lo que las actuaciones también deben adaptarse a esa realidad y no aplicarse de forma generalizada.

Además, este proceso aporta beneficios tanto a los trabajadores como a la propia empresa. Reducir los riesgos psicosociales contribuye a mejorar el clima laboral, favorece una mayor implicación de los equipos, disminuye las bajas relacionadas con el estrés y facilita afrontar las exigencias del trabajo diario en un entorno más saludable y equilibrado.

El Día Mundial para la Prevención del Suicidio pone de relieve la importancia de actuar antes de que los problemas se conviertan en una crisis. Aunque la prevención requiere la implicación de toda la sociedad, el entorno laboral desempeña un papel fundamental, ya que las empresas pueden contribuir creando un ambiente de trabajo saludable, reduciendo factores de estrés y fomentando una cultura en la que las personas se sientan escuchadas y puedan pedir ayuda sin miedo ni estigmas.