
Hay personas que llegan puntuales cada mañana, cumplen toda su jornada e incluso se quedan más tiempo del necesario. A simple vista parecen trabajadores comprometidos: no faltan, siempre están disponibles y rara vez abandonan la oficina antes de tiempo. Sin embargo, esa presencia no siempre se traduce en un buen rendimiento. En ocasiones, detrás de esas largas jornadas hay cansancio, desmotivación, problemas de salud o una carga mental que dificulta concentrarse y desempeñar el trabajo con normalidad.
Durante muchos años, en muchas empresas se ha asociado la presencia física con el compromiso. Permanecer más horas en el puesto de trabajo o no coger una baja cuando se está enfermo se ha interpretado, en algunos casos, como una muestra de responsabilidad. Sin embargo, esa idea puede ocultar una realidad muy distinta: personas que están presentes, pero que no pueden rendir como deberían.
Es ahí donde aparece el presentismo laboral, un fenómeno mucho más silencioso que el absentismo y, precisamente por eso, más difícil de detectar.
Qué es el presentismo laboral
El presentismo laboral consiste en acudir al trabajo y cumplir, o incluso superar, la jornada habitual sin que exista un rendimiento acorde con el tiempo de permanencia. La persona está físicamente en su puesto, pero distintos factores hacen que su capacidad para desarrollar sus funciones se vea reducida.
Esta situación puede manifestarse de muchas maneras. Hay quien prolonga tareas sencillas más de lo necesario para aparentar una mayor carga de trabajo, quien permanece en la oficina únicamente para transmitir una imagen de compromiso o quien acude a trabajar pese a encontrarse enfermo o emocionalmente agotado.
También es frecuente que parte de la jornada se dedique a asuntos ajenos al trabajo como consecuencia de la falta de concentración o del desgaste acumulado.
En España, este fenómeno tiene una especial relevancia. Aunque el país registra algunas de las jornadas laborales más largas de la Unión Europea, sus niveles de productividad no siempre reflejan ese tiempo de trabajo. Diversos estudios relacionan esta paradoja, al menos en parte, con el aumento del presentismo laboral.
Cuáles son sus causas
El presentismo rara vez responde a una única razón. Lo más habitual es que sea el resultado de la combinación de factores personales y organizativos.
En el plano personal, pueden influir problemas de salud física que llevan a la persona a acudir al trabajo cuando debería descansar, situaciones de estrés, ansiedad o agotamiento emocional, una pérdida de motivación o circunstancias familiares y personales que dificultan mantener la atención durante la jornada.
Por otro lado, la propia organización también puede favorecer la aparición de este fenómeno. En empresas donde existe miedo a perder el empleo, muchas personas prefieren acudir a trabajar incluso cuando no están en condiciones de hacerlo.
A ello se suman culturas empresariales que continúan valorando las horas de permanencia por encima de los resultados, cargas de trabajo excesivas, plazos poco realistas, falta de flexibilidad o problemas de comunicación entre responsables y equipos.
Además, algunos sectores presentan una mayor exposición al presentismo. Profesionales de la sanidad, la educación o aquellos puestos sometidos a una elevada presión asistencial suelen mostrar una mayor incidencia debido a la responsabilidad que implica su trabajo y a la dificultad para ausentarse.
Qué consecuencias tiene para la empresa y para las personas
Aunque pueda pasar desapercibido durante mucho tiempo, el presentismo termina teniendo consecuencias tanto para la organización como para quienes lo sufren.
Cuando una persona trabaja sin encontrarse en condiciones adecuadas, la calidad del trabajo disminuye, aumenta la probabilidad de cometer errores y resulta más difícil mantener la concentración. Esto puede afectar al rendimiento del equipo, generar conflictos entre compañeros y reducir la implicación con los objetivos de la empresa.
Al mismo tiempo, el trabajador experimenta un desgaste físico y emocional cada vez mayor. Mantener esa situación durante semanas o meses suele agravar los problemas iniciales y, en muchos casos, acaba desembocando en una baja laboral más prolongada.
Por eso, el presentismo suele considerarse la antesala del absentismo: intentar mantener la actividad a cualquier precio termina siendo más perjudicial que afrontar el problema desde el principio.
Protocolo de actuación
Detectar el presentismo requiere mirar más allá de las ausencias. Una persona puede acudir todos los días a su puesto y, aun así, estar atravesando una situación que afecte de forma importante a su rendimiento.
Por ese motivo, el primer paso consiste en observar indicadores objetivos, como la evolución de la productividad, la calidad del trabajo realizado, el cumplimiento de los plazos o los resultados obtenidos en las evaluaciones de desempeño.
Cuando aparecen señales de alerta, conviene abrir un espacio de conversación en el que la persona pueda explicar qué está ocurriendo sin sentirse juzgada.
A partir de esa conversación resulta más sencillo identificar si el origen del problema está relacionado con cuestiones personales, como la salud o el desgaste emocional, o si responde a aspectos organizativos, como una carga de trabajo excesiva o la falta de apoyo por parte de la empresa.
Las medidas que se adopten dependerán de cada situación. Puede ser necesario ajustar temporalmente la carga de trabajo, flexibilizar horarios, facilitar el acceso a recursos de apoyo psicológico o formar a los mandos para que sepan detectar estas situaciones de forma temprana.
Del mismo modo, es recomendable realizar un seguimiento durante las semanas posteriores para comprobar si las medidas adoptadas están dando resultado.
Más allá de los casos individuales, la prevención también exige actuar sobre la organización. Promover una cultura en la que se valoren los resultados por encima del tiempo de permanencia, favorecer el descanso cuando sea necesario y crear un entorno donde pedir ayuda no tenga consecuencias negativas son algunas de las estrategias más eficaces para reducir este problema.
La responsabilidad no es solo individual
A menudo se interpreta el presentismo como una cuestión exclusivamente personal, cuando en realidad el entorno de trabajo tiene una influencia decisiva.
Organizaciones donde se premia permanecer muchas horas en el puesto, donde pedir ayuda se percibe como una señal de debilidad o donde el miedo condiciona el día a día favorecen que este comportamiento se mantenga incluso entre profesionales muy implicados.
Por ello, prevenir el presentismo implica revisar no solo la actitud de los trabajadores, sino también la forma en que la empresa organiza el trabajo y los mensajes que transmite sobre lo que realmente considera compromiso.
Aprender a detectar lo que no se ve
Resulta relativamente sencillo saber quién falta al trabajo. Mucho más difícil es identificar a quien acude cada día, pero lleva tiempo trabajando por debajo de sus posibilidades porque arrastra un problema que nadie ha detectado.
Precisamente por eso, aprender a reconocer el presentismo es una de las claves para proteger tanto la salud de las personas como el buen funcionamiento de las organizaciones.
Actuar antes de que el desgaste aumente no solo mejora el bienestar de los trabajadores, sino que también contribuye a construir empresas más saludables, productivas y sostenibles.


