
¿Qué es una pausa activa?
Una pausa activa es una interrupción breve y planificada de la actividad laboral destinada a realizar algún tipo de movimiento físico.
No es necesario hacer una sesión deportiva completa ni disponer de instalaciones específicas. Una pausa activa puede consistir en:
- Levantarse y caminar durante unos minutos.
- Realizar estiramientos desde la silla.
- Movilizar los hombros, el cuello, los brazos y las piernas.
- Salir a dar un pequeño paseo.
- Hacer una llamada telefónica mientras se camina.
- Realizar una breve actividad creativa alejada del ordenador.
- Organizar una reunión caminando.
El objetivo es desconectar temporalmente de las tareas laborales, liberar tensión y recuperar la conexión corporal.
¿Por qué son necesarias las pausas activas en el trabajo?
En muchas empresas, las personas pasan una gran parte de su jornada sentadas, participando en reuniones o utilizando ordenadores, teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos.
Este sedentarismo prolongado puede generar cansancio físico y mental. El cuerpo humano está preparado para moverse, no para permanecer sentado durante tantas horas seguidas.
Por este motivo, es recomendable levantarse y activar el cuerpo aproximadamente cada 60 o 90 minutos. Estas pequeñas interrupciones permiten liberar tensión, prestar atención a las emociones y regresar al trabajo con una mayor sensación de claridad.
Las pausas activas no deben entenderse como una pérdida de tiempo, sino como una herramienta para sostener el rendimiento y el bienestar durante toda la jornada laboral.
Beneficios de las pausas activas para las personas trabajadoras
Las pausas activas pueden aportar numerosos beneficios cuando se incorporan de manera habitual en el entorno laboral.
Reducción de la fatiga mental
Alejarse durante unos minutos de las pantallas y de las tareas permite descansar la mente. Esta desconexión ayuda a reducir la sensación de saturación y facilita que la persona vuelva al trabajo con más energía.
Liberación de tensiones físicas
Permanecer sentado durante mucho tiempo puede provocar molestias y acumulación de tensión en zonas como el cuello, los hombros, la espalda o las piernas.
Los estiramientos y movimientos suaves ayudan a movilizar el cuerpo y a reducir parte de esa tensión.
Mejora de la atención y la concentración
Después de un periodo prolongado de trabajo, la capacidad para mantener la atención puede disminuir. Realizar una actividad diferente durante unos minutos ayuda a recuperar el foco y a sostener la concentración durante más tiempo.
Apoyo a la gestión emocional
Las pausas activas también ofrecen un momento para observar cómo nos sentimos, identificar tensiones y conectar con nuestras emociones.
Escucharnos mejor puede ayudarnos a gestionar de una manera más consciente el estrés, los pensamientos y las exigencias de la jornada laboral.
Mejora de las relaciones laborales
Cuando una persona se encuentra mejor física y emocionalmente, también puede relacionarse de una manera más positiva con su entorno.
Las pausas compartidas pueden favorecer la conexión entre compañeros y compañeras, mejorar la comunicación y contribuir a crear relaciones laborales más saludables.
Pausas activas y trabajo profundo
El trabajo profundo o deep work consiste en mantener un nivel elevado de concentración durante un periodo determinado para realizar tareas que requieren una atención especial.
Para sostener este nivel de foco, es importante introducir descansos. Después de aproximadamente 90 minutos de concentración, puede ser beneficioso levantarse y realizar una actividad completamente diferente.
Caminar, estirar, jugar durante unos minutos o realizar una actividad creativa permite desconectar de la tarea y regresar posteriormente con una mayor capacidad de atención.
Estas pausas pueden ayudar a aprovechar mejor los momentos de concentración intensa y favorecer la eficiencia y la productividad.
Cómo implantar las pausas activas en la empresa
La implantación de las pausas activas debe realizarse poco a poco. El objetivo es que el movimiento se convierta progresivamente en una parte natural de la cultura de la empresa.
Contar inicialmente con asesoramiento profesional
Durante las primeras semanas puede ser recomendable contar con un profesional o una profesional del deporte, el fitness, la fisioterapia o el yoga.
Esta persona puede enseñar ejercicios seguros, adaptados a la anatomía del cuerpo y fáciles de realizar en una silla o dentro de la oficina.
Las sesiones pueden desarrollarse presencialmente o en formato online. Una persona puede dirigir la actividad a distancia mientras los equipos la siguen desde el centro de trabajo.
Crear una rutina progresiva
Las pausas activas deben incorporarse de manera gradual. Al principio pueden organizarse sesiones semanales dirigidas por una persona especializada.
Después de varias semanas o meses, los equipos conocerán una variedad suficiente de ejercicios y podrán realizarlos de manera autónoma.
Designar responsables dentro de los equipos
Una opción sencilla es elegir cada día o cada semana a un compañero o compañera que se encargue de proponer una actividad.
Esta persona puede recordar al equipo que debe levantarse, dirigir unos estiramientos breves o animar a salir a caminar durante unos minutos.
La responsabilidad puede ir rotando para conseguir una mayor implicación de todas las personas.
Organizar reuniones caminando
No todas las reuniones requieren permanecer frente a una pantalla o sentarse alrededor de una mesa.
Las reuniones caminando son especialmente útiles cuando participan pocas personas y no es necesario consultar documentos continuamente. Además de promover el movimiento, pueden favorecer conversaciones más dinámicas.
Realizar llamadas sin pantalla
Cuando una llamada no requiere revisar información visual, puede realizarse caminando por la oficina o en el exterior.
Este pequeño cambio permite reducir el tiempo que se pasa sentado y desconectar momentáneamente del ordenador.
Consejos prácticos para integrar las pausas activas
Para que las pausas activas funcionen, es importante que tanto la empresa como las personas trabajadoras comprendan la importancia de moverse durante la jornada.
Algunas recomendaciones prácticas son:
- Comenzar con pausas de cinco minutos.
- Priorizar la frecuencia frente a la duración.
- Establecer recordatorios cada 60 o 90 minutos.
- Evitar utilizar el móvil durante todas las pausas.
- Salir a caminar después de comer.
- Compartir vídeos o ejercicios sencillos con el equipo.
- Animar a las personas con experiencia deportiva a proponer actividades.
- Rotar la responsabilidad de dirigir las pausas.
- Adaptar los ejercicios a las capacidades de cada persona.
Es preferible realizar cinco minutos de estiramientos de manera frecuente que organizar una sesión extensa una vez cada dos semanas. La regularidad es fundamental para que el hábito se consolide.
El papel de los equipos en las pausas activas
La empresa puede facilitar recursos, espacios y asesoramiento profesional, pero la implicación de los equipos es esencial.
Los compañeros y compañeras pueden animarse mutuamente a levantarse, caminar o realizar una actividad conjunta. Cuando estas prácticas se comparten, es más sencillo mantenerlas en el tiempo y evitar que se perciban como una obligación individual.
También pueden aprovecharse los conocimientos internos. En algunas organizaciones hay personas con experiencia en deporte, yoga o actividad física que pueden compartir nuevas propuestas con el resto del equipo.
De este modo, las pausas activas se convierten en una iniciativa participativa y adaptada a las características de cada empresa.
Pausas activas, salud mental y bienestar laboral
Las empresas son cada vez más conscientes de la importancia de cuidar la salud mental y emocional de sus equipos. También están comprendiendo que la prevención y los hábitos saludables deben formar parte de la estrategia de bienestar laboral.
Julia Schröckmayr. Little healthy habits


